- Mucho tiempo ha pasado ya… Mucho ha sido lo que hemos ganado… Pero también es mucho lo que hemos perdido.
Decía el elfo oscuro a su acompañante, algo más bajo que él pero también de porte imponente, ambos se cubrían de pies a cabeza con ropajes negros con grandes capuchas cubriéndoles la cabeza y el rostro.
- Sí, maestro tiene usted razón, ese Dragón nos dio demasiado fuerte… Menos mal que tuvieron éxito en su misión…
- Mi joven aprendiz… El éxito de la misión solo fue parcial… Ese demonio no pudo hacer nada contra el poder de los Jerarcas, ni consiguió acercarse al Sin Nombre. Lo cual hace que mis ánimos de ver algún día este Mundo libre de su señor y la ponzoña de sus seguidores mengue, he emprendido una lucha con unos poderes que superan la comprensión de cualquier ser viviente.
- Maestro, no sea usted tan derrotista, el demonio solo era una pieza que usted supo utilizar para salvarnos a todos de la ruina…
Rikimaru miro a su aprendiz a través de la oscuridad de su capucha, el aprendiz sintió la fría mirada de su maestro y bajo la cabeza y no volvió a hablar hasta que los dos llegaron a su destino.
- Lo siento maestro…
- No, no lo sientas, pero no se te olvide nunca que yo Rikimaru, tu maestro no soy ningún derrotista, aquí en este lugar estamos a salvo pero yo he sufrido el poder de los siervos del Dragón, aún escapa a mi comprensión que perversión motivo que no terminasen con mi vida en aquel entonces, ahora vivo como un condenado, un proscrito.-El drow se quito la capucha dejando ver su cara negra como el carbón, su aspecto era debido a las torturas que le sometieron los sirvientes del Sin Nombre.- Y ahora he de vivir marcado como tal, en una tierra que no es la de Ebura, tierra que llegue a considerar mi hogar, no nuestro enemigo no es solo poderoso sino también es cruel y despiadado, no tiene limites…
domingo, 13 de septiembre de 2009
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